Bueno, vayamos al grano. Estas dos semanas el inicio de mi procesos de bajar de peso no empezó como había pensado. ¡Oh Vaya, qué novedad!. Pues si, tenía la intención de ser la más fitness y dedicada a la dieta que podía haber, pero no debí pensar en imposibles. Ahora, si bien el inicio no fue el más motivador, el proceso hasta el momento va bien. Poco a poco estoy empezando a acostumbrarme y cada vez voy ganando más fuerza de voluntad.
Haciendo un recuento rápido. La semana pasada si fue totalmente desastrosa, aunque hay que mencionar que todo se debe a la suma de varios sucesos gloriasamente desafortunados. Gloriosamente porque son hechos que me traen mucha alegría, y desafortunados porq
ue echaron al agua mis intenciones de iniciar una dieta con todas las de la ley.Primero, la llegada de una tia de mi novio que literalmente es un remolino viviente que genera todas las revoluciones posibles a su paso por Lima y a quien le tengo un inmenso cariño. Pues bien, sus visitas a Lima son sinónimo de dos cosas que siempre van unidas: reuniones interminables con la familia y disfrutar de cuanta comida peruana y en general sea posible. Es decir, todas las comilonas familiares que se puedan organizar. Así fue que en lo largo de la semana fuimos a comer pollo a la brasa, almuerzos en familia y más pollo a la brasa (qué como sabrán el verdadero, único y más rico es sólo el que se prepara en nuestro queridisimo Perú, y cualquier compatriota que regresa desde otro país no se cansaría de comerlo). Después de una semana intensa de comidas la adorada tiita se fué. Y aquí llegó el suceso dos.
Fin de semana de fiesta!!! Es de conocimiento público que el alcohol retrasa la digestión y complica el metabolismo del cuerpo. Pero esta muchachita, como toda joven que se jacte de vivir como tal, no le hizo caso a este pequeño detalle y se fué de rumba por el cumpleaños de una amiga, llevando consigo todo lo que eso implica, desde los traguitos previos hasta el sanguchón a las 5 de la mañana.
De esta forma mi primera semana para bajar de peso fue un fiasco total. Pero en la segunda semana me reivindiqué.
Seguramente más de una persona o joven que trabaja como yo ha sufrido al tratar de hacer una dieta. No por la falta de fuerza de voluntad, sino por lo dificil que es seguir lo que los nutricionistas mandan en un dia normal de trabajo. Los que menos llevan la comida hecha de casa o sino se van a comer a un restaurante cercano el menú del dia. ¿En qué momento uno va a poder preparse o conseguir dos corazones de alcachofa aderezados con dos cucharadas de aceite de oliva extra virgen acompañado de arroz integral con un souflé de verduras? Uno, no hay tiempo de preparar eso a las 7am mientras peleas por arreglarte el cabello y guardar todo en la cartera para llegar temprano al trabajo; y dos, en cada esquina no encuentras un restaurante naturista que prepare exactamente lo que el dia 1 de tu dieta dice.
Pues bien, sufriendo con la certeza de no poder seguir una dieta así por más que lo quisiese y manteniendo mi postura de joven-trabajadora-muy-ocupada conseguí a base de esfuerzos, lagrimas y mucha insistencia en la busqueda en Google una dieta que se acomoda perfectamente a mi. No es muy complicada, se puede preparar en las mañanas y no es nada del otro mundo. Solo una advertencia, si uno se decide a seguirla deberá conseguirse varios pañuelos para morder y litros y litros de agua para engañarse, porque la ansiedad que genera la abstinencia y las ansias de comer que se siente el primer dia, son para volverse locos.
A una semana de haberla iniciado, puedo decir con orgullo que esta dieta se acopla a mi y que la puedo seguir sin hacer trampas. Además poco a poco, las ganas de comer van bajando y empiezas hasta a pensar con moderación en tus comidas. Por ejemplo, ayer sábado que me permití dar un gustito, fui a cenar con mi novio y pedí una lasagna de alcachofa con pollo y luego tome Coca Cola Zero. Eso para mi es un avance.
Para los valientes les dejo la maravillosa y angelical dieta que encontré y que estoy siguiendo. Esperemos que la siguiente entrada de este blog venga más alentador aún. Hasta la vista!!!

Vayamos en orden. Mi vida, o mi cuerpo para ser más exactos, ha vivido en constantes cambios y subibajas desde siempre. De pequeña simplemente no comía, era un niñita de 3 años que no quería probar nada más que no fuera puré y mazamorras. Mis padres primerizos, muertos de miedo de que se su nenita se vuelva anémica, tuvieron la genial idea de llenarme de vitaminas, PVM, Emulsion de Scott y cuanta cosa se pusiera en su camino. Así que, la pequeña casi anorexica pasó a ser una devoradora de todo lo que estuviera a su alcance, llegando a convertirse en un niña gordita y adorable. Pero lo adorable duró solo unos años más, ya que a los diez años, ser gordita no es muy bueno para la salud. Tenía interminables cuadros de tos, bronquitis, faringitis, laringuitis y todas las itis que pudieran haber en el sistema respiratorio, hasta presentar inicios de asma. Los, ya no padres primerizos, no querían que su hija mayor sufriera de asma y se encadenara a un inhalador por el resto de su vida, así que nuevamente buscaron cuanto clínica, hospital, posta médica y chamán estuviera a su alcance. Cuando se empezaron a perder las esperanzas y yo ya estaba siendo marcada con un "asmática de por vida" en la frente, un venerable doctor que había atendido las variselas de mi papá y mis tios, me examinó, me miró, me sopesó y me libro de la condena con la siguientes palabras "si quieres curarte, vas a tener que dejar de comer todo lo que comes y hacer dieta, para que puedas comer tu pavo en navidad", menciónese el hecho de que estabamos a mediados de mayo aproximadamente. De esa manera, yo con mis diez añitos me sometí a una de la más extrictas dietas posibles, que de lejos sobrepasaba a cualquier dieta usada por una modelo de Victoria Secret. Mi menú diario era soya y verduras cocidas, llegando al punto que ni siquiera se me estaban permitidos la leye y las frutas. Y tal como se me prometió, ese año quedé libre de cualquier rastro de asma y de gordura. La super dieta me sirvió para convertirme en la pre-adolescente con el cuerpo más envidiable para esa edad, porque no solo bajé de peso, sino que mis formitas se acomodaron de la mejor manera. Yo no podía ser más feliz. Mi gloria duró un par de años más. Al crecer, me tropecé con una pequeña cosilla que desencadenaría mi problema actual: el sedentarismo. Al cambiar a un colegio, que además de terminar las clases tarde quedaba a una hora de camino, mi disque cansancio y flojera se apoderaron de mi. A los 14 años lo que hacía era llegar de clases, comer, dormr, ver televisión, hacer tareas, ver televisión y dormr otra vez. A la vez, no se si a causa de contar con mayores propinas o más permisos para salir, comenzó a sucederme un detallito más, la ansiedad por comer. Un antojito por aquí, un antojito por allá, y no paraba nunca. Entonces, mi vida sedentario, mi ansiedad por comer y mis antojitos se cogieron fuertemente de la mano y me llevaron a dejar mi delgadita figura a una de mayores proporciones. Y asi continué. Si bien nunca he llegado al sobrepeso ni nada por el estilo, siempre he sido del tipo rellenita bonita, con cuerpo voluptuoso y exageradas curvas. Digamos que era un "Teresita bien formada". No se me veía mal, realmente no, pero estaba muy lejos del cuerpo que debería calzar con mi edad. Lamentablemente, una serie de hechos llevaron todo a un mayor nivel, a un exagaradamente excesivo nivel. No es relevante mencionar que desencadenó todo, lo cierto es que para inicios del año que pasó caí en una profunda y silenciosa depresión, que me llevó ganar varios kilos de más, altos niveles de colesterol y preocupantes niveles de trigliceridos.


Animator Vs. Animation 2